A pesar de su importancia el líquido de transmisión no requiere de una frecuencia de cambio tan regular como el propio aceite del motor. Únicamente, su observación debe ser bastante considerada cuando el vehículo sea sometido a estrés mecánico prolongado. Esto es, su uso en transporte de cargas excesivas o de actividades de remolque. Fuera de todo ello, este tipo de líquido puede comprometer al sistema de transmisión en base a su bajo nivel. Esto se traduce en sonidos extraños o no deseados cuando el automóvil o el motor cambian de marcha. Igualmente, esto ocurre al momento de cambio manual de marcha. Los siguientes consejos describen las técnicas más eficaces para detectar el nivel de dicho componente.
¿Cuál es la forma más eficaz para medir su concentración y rendimiento?

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Con el auto estacionado abra el capo y encienda el motor. Antes de realizar cualquier movimiento ponga el freno de mano y accione las diferentes marchas. Realice movimientos como reversa y estacionar. Posteriormente, ubique la barra medidora del aceite de transmisión. Mayormente las mismas se ubican debajo del capo y poseen un aspecto similar al del aceite del motor aunque suelen ser de color amarillo. Retire la varilla de su lugar límpiela con un trozo de tela limpio y vuelva a colocarla una vez más en su boquilla de medición. Al retirarla por segunda vez podrá notar el nivel al cual se encuentra el aceite.

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Normalmente, el líquido de transmisión se mide según las marcas impresas en la varilla. Estas mismas traen dos marcas uno para líquido frio y otro para el líquido caliente. Esto hace referencia a la temperatura del aceite según el tiempo que lleva al motor encendido. Generalmente el motor para calentarse debe sobrepasar los dos minutos. Solo al comprobar que el aceite se encuentra por debajo de su límite establecido se recomienda añadir más líquido al sistema.























